La butaca vacía

La butaca vacía
abril 24 20:12 2019

La butaca vacía. Miraba la butaca del acompañante vacía, y atrás de las butacas también vacío (es lógico, atrás nunca va nadie). Pero en la butaca sí, siempre hubo alguien, excepto ahora que estoy solo.

Solo a 200 metros del suelo. Nadie por arriba, nadie por abajo, nadie que te empuje un poco el pedal, que te toque apenas el mando, que te indique cuando virar. En resumen, iba por primera vez en mi vida, solo volando un avión.

Después de 30 horas de vuelo, de muchas veces soñar con ese momento, de varias pensar que ya me tocaba, y de volver a casa pensando porque no me tocó. Hoy, justo hoy, la verdad que no imaginé que iba a salir solo. Pero ya sobre el final de la hora, cuando vas calculando que tal estuvo la clase, aflojar un poco los hombros que venís algo tenso, que vas a cenar a la noche; por la mitad de un aterrizaje como tantos otros, como cien que ya tendré hechos, el Jefe de Instructores Matías Dimaro, para los conocidos “El Topo”, me paró el carreteo y me dijo: “Frená que seguís solo”.

– ¿Estás seguro Mati? (yo no tengo tanta confianza como para llamarlo por el nombre de un animal rastrero, peludo y miope).

– Sí, dale ¿qué pista querés usar?

– La que te parezca a vos está bien.- (Total es como cuando te dice que sí para bailar la mina que te gusta, cualquier pista te viene bien).

Con el Jefe de Instructores Matías Dimaro, adivinen quien de los dos voló solo por primera vez

Y ahí nos fuimos, “el India Quebec Delta rueda para la cabecera de Uno Cero para iniciar despegue”, chillé por la radio con lluvia de interferencia. Ese carreteo de 300 metros te pone a pensar ¿y ahora qué nombre le ponemos al nene?

“El India Quebec Delta en cabecera de Uno Cero inicia despegue”. Y podés creer que en ese momento, justo ahí, otro avión que viene a pasar por arriba preguntando qué se yo qué.

(Justo ahora venís a cruzarte), pensé (mirá qué forma de morir, en mi primer vuelo solo chocando con otro boludo igual que yo). Pero al final la muerte no apareció hoy, pude comunicarme de forma decorosa con la otra aeronave y donde averigüé que venía más alto, listo “buen vuelo y saludos para todos por casa”, le dije, o al menos la primera mitad.

Ahora sí volvemos al principio de la narración, ya estoy despegado volando y mirando para todos lados como voy solo rodeado de una enorme masa de aire. Y en algún momento pasó lo que tenía que pasar. Pensé en mi viejo, que fue piloto, que incluso fue presidente de ese  aeroclub que me estaba esperando abajo, que ahora calculo estará volando por otros cielos. Y me dije “bueno, ahora yo también estoy volando”. Y no mucho más, porque como sentenció Sai Baba: “todo lo que sube tiene que bajar”. Así que a encarar el aterrizaje, que arriba somos todos campeones y abajo somos todos peones.

Acá faltó el toque hollywoodense, no hubo explosiones, fuegos de artificios ni hazañas de último segundo. Lo pude posar sobre la faz de la tierra con una mínima elegancia, casi te diría como si no estuviera solo. Y ahora sí que ya no había espacio vacío dentro del avión, la otra butaca, atrás de la butaca, contra el techo, todo lo ocupaba yo. Estaba hinchado de alegría, de esa felicidad plena que te hace sentir, por unos instantes, que estás en el aire.

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Ezequiel Brahim
Ezequiel Brahim

Seguramente no soy el único que empezó a correr para bajar de peso. Ya cinco años pasaron, y no sólo conseguí bajar de peso, descubrí nuevos mundos, al principio en la calle el universo del running, luego, en la pista, el atletismo de elite. Compartir lo mejor de ambos, es el impulso para escribir cada linea.

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